Salud Ocupacional: De Jure pero no de Facto

LA SALUD OCUPACIONAL

DE JURE PERO NO DE FACTO

 

Es difícil encontrar un proyecto moderno de alguna envergadura en el que los resultados no se alejen claramente de las esperanzas inmediatas de sus patrocinadores (Peter Wagner).

CAPÍTULO 1.-

 

                   LEY Nº 16.744: ESTABLECE NORMAS SOBRE ACCIDENTES DEL  TRABAJO Y ENFERMEDADES PROFESIONALES.

 

Antecedentes históricos.

Convengamos que el ser humano es un ser social, lo que entendemos como que sólo puede sobrevivir con la presencia de otro, en una relación que, por un lado, es un medio funcional y utilitario para lograr cierto fines: defensivos o agresivos, solidaridad en la desgracia, supervivencia para alimentarse; y por otro, es un medio comunicacional y explicativo de los fenómenos que lo rodean en base a esa actividad imaginaria radical esencial en esta especie que lo diferencia del resto de los animales.

El accionar dentro de lo social es lo que se ha denominado “trabajo”, de lo que se deduce que no es posible la existencia del hombre y la sociedad  sin el trabajo. La historia de la humanidad es la historia de las diferentes formas de trabajo que caracterizan sus diferentes estados de evolución.

El punto de inflexión más importante desde el punto de vista de lo que ha acontecido en la sociedad hasta nuestros días, fue la transformación del trabajo de los tiempos medioevales en que la producción de bienes dentro de la burguesía emergente se caracterizada por una actividad privada individual de carpinteros, albañiles, tejedores, que generaba utilidad económica por un intercambio mercantil personalizado; a una actividad organizada de varias personas, no personalizada, que trascendía la particularidad de las tareas realizadas por individuos concretos y que alcanzó un carácter público colectivo cuya relativa autonomía la diferenció en su tiempo de los oficios y las Corporaciones estrictamente reglamentadas.

Desde el siglo 18 el trabajo y la relación entre los poseedores de los medios de producción y los que sólo contaban con un capital personal, su fuerza de trabajo, fue invadido por una modalidad de organización guiada por conceptos de racionalidad en la persecución de resultados económicos, el Capitalismo. La Economía se instaló progresivamente como el objetivo y horizonte de todas las cosas y su expresión práctica en el trabajo fue la maximación de determinados tipos de producción y la minimización de sus costos, y en la sociedad, en el incentivo del consumo. El enriquecimiento personal fue sólo una parte de la mutación experimentada en las relaciones de producción, la impronta del sistema fue la acumulación de los medios de producción y su transformación continua aprovechando los avances científicos y tecnológicos en favor de sus intereses.

Las etapas iniciales de esta relación empleador-trabajador, el capitalismo salvaje, fueron nefastas para la parte débil de esa ecuación, creando las condiciones sociales de sufrimiento, pobreza, dependencia y pauperización que caracterizaron la emergencia de la nueva clase social el proletariado y de agrupaciones y movimientos sociales que lucharon por lograr una vida mejor.

Podemos decir que la situación empezó a cambiar con la Declaración de los Derechos de los Estados Unidos de Norteamérica en 1776 y con la Revolución Francesa en 1789, que fueron el resultado de la maduración de las luchas entre las monarquías, especialmente en Inglaterra desde 1215, y las demás fuerzas sociales que enarbolaban las consignas liberales de los derechos naturales del hombre a la vida, a la libertad, a la seguridad y a la felicidad.

En Occidente fue derogado el trabajo forzado y fue regulado incorporando al Código Napoleónico  el “libre acceso al trabajo” y el «contrato de arrendamiento de la fuerza de trabajo» que fundó la relación laboral en el principio de reciprocidad empleador- trabajador, transformándolo en un acto social amparado por leyes.

El trabajador pasó a ocupar un espacio público, fue considerado una persona pública, y como tal, se convirtió paulatinamente en objeto y sujeto de Derecho lo que sancionó finalmente su pertenencia a la ciudadanía.

Este reconocimiento progresivo de la dignidad social de los trabajadores no fue obra del Derecho como una creación ex nihilo del estatuto de los trabajadores, ellos mismos fueron históricamente los actores principales gracias a sus organizaciones colectivas, en ese durísimo diálogo generador de las condiciones de protección que se desarrollaron con el tiempo en la organización social moderna.

El régimen contractual del trabajo se convirtió en un régimen estatutario que dio origen al empleo asalariado de la modernidad industrial. El contrato individual de trabajo,bajo la presión de los movimientos sociales, fue progresivamente atravesado hasta nuestros días por regulaciones colectivas garantizadas por la ley cuyos dos pilares constitutivos fueron el Derecho del Trabajo (el estatuto del empleo definido por la ley y la jurisprudencia) y la Seguridad Social, basada en garantías colectivas de protección del trabajador contra enfermedades, invalidez, desempleo, accidentes del trabajo y enfermedades profesionales.

2017-01-26T11:07:34-03:00

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